Javier Darío Restrepo.

Si pudiera hablarles al oído sobre lo más importante de su formación como periodistas, a los estudiantes que sueñan con llegar a una redacción de periódico o de noticiero, les diría que esa agenda se ha formado progresivamente en los 70 años de historia de la Escuela. Nadie la encontró de una vez y para siempre; ha sido un proceso lento y persistente que hoy permite decir algo que suena obvio: la formación empieza cuando tienes delante de tu conciencia una descripción viva de lo que es ser periodista. En el conciso lenguaje de las agendas esto llevaría el título de “identidad profesional”.

¿Qué es ser periodista?

Son tantas las definiciones y descripciones de esta profesión, que me temo no sea común una idea precisa sobre el ser del periodista. En mis largos años de vida profesional he ido descartando descripciones y definiciones hasta dejar en pie la que ve al periodista como un servidor de la sociedad a través de la información.

Sentí que era un hallazgo definir al periodista como un servidor, y a su trabajo como un servicio. Me sentí en la difícil situación de navegar contra esa corriente que se complace en el mito del periodismo como cuarto poder. El periodismo servicio es algo distinto del periodismo negocio, o del periodismo cogobierno, o del periodismo propaganda institucional, o del periodismo juez. En vez de eso descubrí un periodismo hecho para servir a toda la sociedad y, por tanto, de amplitud universal porque se trata de servir a todos, sin excepción, sin encasillarse y atento a los intereses de todos.

Es, pues, una definición que despliega ante la conciencia del estudiante de periodismo, todo el ambicioso rol de servicio a toda la sociedad.

Comprometidos con la verdad

Para cumplir esa tarea, la formación del periodista desarrolla en él toda una pasión por la verdad. Es su señal de identificación: el compromiso con la verdad. Es un compromiso que traza una línea transversal en toda la formación del periodista y en todas las disciplinas que la integran. Al periodista se le va la vida en esa búsqueda de la verdad, en defenderla de recortes, ambigüedades, manipulaciones, desfiguraciones u ocultamientos que se fraguan contra ella. Y en una era dominada por la postverdad, en la que se trata de borrar la frontera que separa la verdad de la falsedad, la del periodista se convierte en una tarea civilizadora y de defensa un bien común indispensable: la verdad.

Como la suya es la verdad de los hechos, el periodista se capacita para investigar, lo mismo que para entrevistar, analizar, y presentarla en textos, videos o audios, que son otras tantas actividades al servicio del compromiso y la pasión por la verdad.

Independientes y responsables.

Para ser veraces hay que ser independientes, o sea, no dependientes de nadie ni de nada. Buscar y difundir la verdad sólo es posible para personas que no necesitan pedirle permiso ni al gobierno, ni al ejército, ni al empresario, ni al banquero, ni a poder alguno. Esa independencia remueve obstáculos para conocer, pero, además, hace creíble al periodista.

Así como un ciego mal podría ser un buen pintor, una persona sin independencia nunca podrá ser periodista de calidad. Formar esa independencia, aprender a valorarla y defenderla es otra de las actividades necesarias para la formación del periodista.

Quizás soy demasiado exigente, pero una larga experiencia enseña que muchos errores en esta profesión comienzan con esa neblina que cubre la respuesta a preguntas como ¿informo para entretener o para darles respuestas a los curiosos? ¿Informo al servicio de algún poderoso? ¿Mi tarea es informar sobre los hechos con exactitud? ¿O informo como líder y con intención política?

Son demasiadas y difíciles preguntas que, sin embargo, deben dejar claro lo que García Márquez repetía: ser periodista es tener la oportunidad de cambiar algo todos los días.

Durante estos 70 años aquí ha ocurrido el primer encuentro de los estudiantes con el periodismo. Ha sido un período de cambios en que el periodismo ha afinado su perfil. Y cuando, como ahora, se acumulan los conflictos y las dudas, alguien encontró que es “una ocasión propicia para demostrar que somos indispensables”. Otro lo ve como el momento para hacer reales las posibilidades que el periodismo le ofrece a la sociedad; y muchos más descubren la de hoy como una gran oportunidad.

Es una profesión impulsada hacia el futuro de modo tan claro y vigoroso que 70 años de enseñanza del periodismo se ven como nada, y que deben celebrarse como casi un siglo de juventud.

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